El secreto está en el punto 

Cuando hay que comunicar secretos, cualquier medio es válido incluido el punto. Al fin y al cabo tejer es una sucesión de símbolos trazados con una aguja e hilo. No hay mas que ver los esquemas y patrones de cualquier prenda o pieza de punto.

Antes de que internet entrara en nuestras vidas, la comunicación era bien distinta. Y en los tiempos de guerra,  bastante fácil de interceptar. Así que había que buscar formas desapercibidas de enviar mensajes, esconder el árbol en el bosque.  Y en esto llevamos practicando más de dos mil años. Escondiendo textos en textos, haciéndolos invisibles en el papel, enviándolos en soportes poco convencionales, transformándolos en símbolos… convirtiéndolos en códigos indescifrables. 

Resulta imposible saber todas las formas de enviar mensajes secretos que se han llevado a cabo a lo largo de la historia, todos los códigos que se han desarrollado para que, aunque los mensajes fuesen visibles, fueran incomprensibles.

Dejando a un lado el secretismo, a lo largo de la historia también se han inventado códigos para facilitar  la comunicación, porque las palabras no siempre se pueden enviar habladas ni escritas tal y como las conocemos. La tecnología ha obligado a que las palabras se conviertan en números o en símbolos tan sencillos como el punto y la raya. La telegrafía y la electrónica son los medios de comunicación base del desarrollo de estos códigos de ceros y unos, de puntos y rayas.

El mundo del punto no se libra de esta codificación. Tejer es ir combinado una serie de puntos de una forma repetitiva. Unos puntos que se pueden identificar mediante un serie de símbolos,

para que el diseño de un patrón sea mas fácil de comunicar. Así que, al igual que un mensaje en clave, un esquema de punto esconde un tipo de tejido con texturas, relieves y agujeros esperando a se descifrado, siempre y cuando venga acompañado de la clave. 

Si nos fijamos bien, el esquema de punto es una secuencia de rayas y cuadraditos (punto derecho y punto revés) que fácilmente podrían ser sustitutos por rayas y puntos como, por ejemplo, los del código morse. También está escrito sobre una cuadrícula numerada en la que cada casilla podría tener el valor de una letra. 

Y aquí es donde entra la similitud que nos permite empezar a jugar.

¿Por qué no convertimos palabras o fechas en tejido de punto?

 Esto no es nada nuevo. Hay historias que hablan de mujeres que, durante las guerras, enviaban información tejida en prendas de punto (posiciones y movimiento de tropas, lugares estratégicos, fechas de ataques) porque una mujer haciendo punto no levantaba sospechas.

Pongámonos por un momento en la piel de una de esas mujeres, cifremos nuestro tejido.

Pongamos como ejemplo la palabra Septiembre, mes de esta publicación.

Lo primero que hay que hacer es cifrar la palabra.

Comencemos con el código Baudôt.

Desarrollado por Émile Baudot, se utilizaba en teletipos. Es un código de 5 espacios con el que sólo se pueden representar 32 caracteres, pero suficientes para nuestro propósito.

Utilizando este código como clave, transportemos la palabra a puntos y rayas, letra a letra.

Decidimos ahora que punto le asignamos a la raya y cuál al punto. Quizás la raya puede ser un punto derecho y el punto, un punto revés. O quizás queremos diferenciarlos solo por colores y hacer un patrón tipo fair isle.

Lo siguiente es preparar una cuadrícula. En este paso podemos escoger si ponemos nuestra palabra en las filas o en las columnas. Si dejamos que las letras vayan una detrás de otra o ponemos algún punto distinto para separarlas. Hay que tener en cuenta que, como cada letra ocupa 5 espacios, sólo hay que indicar en que lugar empieza la primera letra de nuestra palabra. Según lo hagamos obtenemos distintos patrones de repetición. Así que esto se queda al gusto de cada uno.

¡Listo! Ya sólo queda hacer una muestra para ver la textura que genera nuestra palabra en clave.

¿Y si queremos utilizar el código Morse?

Este código se desarrolló por  Morse para las comunicaciones telegráficas y posteriormente a las radioeléctricas. Al igual que el código de Baudôt, transforma letras y números en combinaciones de rayas y puntos, sólo que no se limita a 5 espacios, el código Morse puede tener más, por eso incluye las letras del alfabeto, los números y algunos signos de puntuación y entonación. Como las todas las letras no tienen la misma longitud, hay silencios de una duración determinada entre cada una de ellas y entre las palabras.

Ya que conocemos la clave, traducimos nuestra palabra a puntos y rayas y decidimos que punto  utilizamos para tejer las rayas y que punto para los puntos. Tal vez nos guste más aplicarle un color a la raya y otro al punto. Esto depende del juego que del la palabra transformada o de nuestro gusto. En este caso hay que utilizar otro punto para determinar los que una letra termina ya que, al tener un número indeterminado de pulsos, hay que diferenciar qué pulso pertenece a qué letra.

Preparamos una cuadrícula. Decidimos si la palabra va en las columnas o en las filas. Aquí hay que jugar con el número total de puntos que genera cada letra porque habrá letras con un sólo espacio y letras con seis. Este es el momento de estrujar un poco la cabeza para adaptar el esquema a nuestro propósito. Sea como sea, se acaba produciendo un patrón de repetición. 

Puedes hacer varios esquemas con diferentes combinaciones, hay tantas posibilidades …

Por último haz una muestra para darle una vida tridimensional al código Morse.

Los números decimales 

Este es el código con el que de pequeños jugábamos a ser espías.

De una forma sencilla, consiste en aplicarle un número a cada letra del alfabeto: 1= A, 2= B, 3= C… Claro está que sólo vale para representar palabras. Veintisiete letras, veintisiete números.

Pero a la hora de tejer, la cosa no es tan sencilla. 

Todo comienza cuando pasamos los números a la cuadrícula. Porque al ser números, comenzamos por el esquema antes de decidir el tipo de punto que queremos.

Si utilizamos el código tal cual, tenemos una cuadrícula con 26 espacios para cada letra, ya sea una fila o una columna, en cada letra hay 26 cuadritos del que sólo se utilizaría uno para el punto. 

Esto genera un tejido donde las variantes están espaciadas lo que limita, a la hora de escoger el punto, el tipo de punto que utilizamos. Puede funcionar bien con calados, garbanzos, nueces, puntos que tienen un tamaño considerable que los hace destacar sobre la superficie del punto escogido para los espacios donde no hay números. No funciona tan bien si queremos aplicar color porque las hebras flotantes interiores que se generan serían muy largas.

¿Qué podemos hacer para reducir estos espacios?

Cambiar la clave. Que entre en juego el número cero.

¿Cómo convertimos esto en un esquema de punto? 

Como cada letra tiene dos números, en nuestro tejido cada letra tendrá dos vueltas, una para el primer número y otra para el segundo. El esquema tendrá tantas columnas como números de base para el alfabeto, en este caso 10  (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 0 mejor dicho 01, 02, 03, 04, 05, 06, 07, 08, 09, 00) y el doble filas que letras tiene la palabra. En el ejemplo de “SEPTIEMBRE” que tiene 10 letras necesitamos 20 vueltas.

Aun así, y dependiendo del punto que escojamos, puede haber demasiados espacios, que pueden estar bien di tejemos con un punto de nuez, o garbanzo pero para utilizar color iguales no está tan bien.

Modificar el número que corresponde a cada letra. Si lo que queremos son menos espacios vacíos, para tener un tejido más rico en textura, tenemos que reducir la distancia numérica entre las letras. Si tenemos en cuenta el número cero, de la “A” a la “J” hay 10 números distintos (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 o 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 0) pero de la “K” a la “S” se repiten los mismos números que de la “A” a la “J” sólo que formando parejas (10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19)  y lo mismo sucede de la “T” a la “Z” (20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27).

Entonces, si interpretamos cada letra como 2 números tenemos una numeración en base diez, es decir la “Z” es 2 y 7.

Una solución es cambiar la base de la numeración en lugar de base 10 que sea base 5 (00, 01, 02, 03, 04, 10, 11, 12, 13, 14, 20, 21, 22, 23, 24, 30…) y así toda nuestra palabra queda concentrada en cinco columnas, lo que genera un tejido más rico en textura.

Ya solo queda escoger el punto que queremos tejer para indicar los números que se corresponden con cada letra y hacer una muestra para darle vida.

Puede que hoy no necesites tejer un mensaje cifrado,  porque la comunicación ha cambiado bastante en los últimos tiempos y los códigos viajan en la amplia red de internet. Pero siempre es entretenido utilizarlos para crear patrones de punto.

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