El jersey que no quería dar calor.

(Breve historia de un arreglo). Cuento dedicado a mi amiga Pilar M.

Yo estaba en una estantería. Llevaba allí un montón de tiempo. 

–“Mira, mira… ¡que bonito!”– escuchaba mientras unas manos me desdoblaban. 

–“¡Sí, sí… llévatelo!”– decían más voces a coro.

–“¡Ay!, no sé, nunca me pongo jersey, pero es tan bonito, tan suave. Este no me pica.”

Y así fue como acabé en una bolsa, camino a mi nueva casa.

Un baño de bienvenida dando vueltas entre agua y jabón suave. Tumbado para secarme, aproveché para relajarme a la luz y al fresco viento del día.

Pasaron un par de días oscuros, aunque tranquilos dentro de un armario, y volví a ver la luz. Me sujetaban las manos que me desdoblaban de nuevo y de golpe tuve forma de persona. Así fue como empecé a formar parte de ti, a darte calor. Lo habitual en un jersey. 

Pero había algo que no encajaba. Quizás no sincronizábamos en el tiempo y mi cuello estaba demasiado cerca de tu cuello, dando más calor del que necesitabas en ese momento. Pero ya nos gustábamos, a ti mi tacto y a mi tu luz. Había que encontrar una solución para no volver a la estantería del armario.

Arreglo jersey

Solo hacía falta que mi cuello no se acercara tanto al tuyo, cambiar su forma. Un escote, con forma de uve, de esos que cuando el calor llega de repente, no sofocan y dejan entrar el aire.

Así que, de nuevo en una bolsa, comenzó otro viaje mitad esperanza mitad expectación porque nadie sabia nada de lo que iba a pasar.

Esta vez la manos eran otras. Me desdoblaron, me dieron una vuelta y otra vuelta. Del derecho, del revés. Acabé sobre un maniquí donde pequeños imperdibles marcaban puntos estratégicos a ambos lados del escote.

–“Tengo que tener cuidado de no perder la simetría”– creí escuchar en un susurro.

–“Jajaja… ¡que cosquillas!”…– pensé.

De repente había una gran uve dibujada en hilo rojo, metido entre mis puntos. 

Arreglo jersey

Con mucho cuidado unas puntas de acero separaban suavemente el cuello del escote. Lentamente, intentando no romper nada.

–“Cada hebra es importante. ¡No cortes, no cortes!”– volvía a decir el susurro.

El cuello dejó de formar parte de mi estructura. En cierto modo me sentía un poco liberado de aquella tensión que tenía el elástico.

–“Ya no hay vuelta atrás”– seguía diciendo el susurro –. “La única esperanza es que el cuello sea de una sola pieza”.

Arreglo jersey

Y así debió de ser, porque comenzó aquel sonido que formaba parte de mi, incluso antes de que yo tuviera forma. La ovilladora colocaba, en vertiginosas espirales, el hilo preciado que se desgranaba del cuello. Un mini ovillo. ¡Tan pequeño! ¿Sería suficiente para el nuevo cuello?

Arreglo jersey

La hebra estaba tan acostumbrada a su antigua forma que se hacía difícil de tejer, se encaracolaba sobre sí misma dando una tensión inesperada. Necesitaba un descanso, un pequeño baño de vapor y relajarse un rato en la devanadora, hasta que el calor del vapor desapareciese.

Arreglo jersey

Volví a sentir cosquillas. Nuevos puntos de mi propio hilo surgían al lado de la hebra roja entrelazada en mis puntos. La fina aguja de acero y aquel cable blandito los sujetaba y apilaba a lo largo del trazado en uve que se dibujaba en mi frontal. Desde el hombro comenzó la base del nuevo cuello. Uno de derecho, uno de revés. Constante monotonía de dos puntos que solo se rompía por el menguado de dos puntos en el vértice del escote. Otra vuelta y otra vuelta, y otras cuantas más manteniendo la misma pauta de la primera. 

–“¡Uy, ya no queda mucho hilo!”– dijo el susurro que no escuchaba desde hacía tiempo. 

Entonces todo cambió. Se acabó la monotonía del punto derecho y punto revés y todo se convirtió en punto revés. Toda una vuelta de punto revés. ¿Por qué aquel cambio repentino si, después de una vuelta, todo volvió a la rutina del punto derecho seguido del de revés?.

Nuevamente, sucesivas vueltas de elástico ensanchaban el nuevo cuello con la peculiaridad de que en el vértice del escote ya no había menguados, ahora había aumentos.

Otra vez vueltas y vueltas hasta que el cuello llegó a la medida idónea. Bueno, lo de idónea es un decir, porque en realidad, dependía del tamaño del mini ovillo.

Entonces ocurrió la magia. El nuevo cuello en uve estaba a medio formar sobre mi delantero, siguiendo la linea del hilo rojo, queriéndose doblar por la extraña fila de puntos de revés.

Arreglo jersey

Con mucho cuidado se cortaron los puntos de mi frontal, liberando la forma de uve de mi nuevo escote. El hilo rojo seguía siendo la clave. Tendría que seguir ahí un ratito mas. Me di cuenta de que aun quedaban algunos puntos entre el hilo y el corte del nuevo escote. Pero enseguida, otra vez esas cosquillas. Esta vez para sujetar con una simple puntada esos puntos al borde del corte y así  impedir que se deshiciesen. 

El hilo rojo se escurrió entre los puntos y desapareció.

El nuevo cuello se dobló por la mitad. ¡Sí!, justo por la linea de puntos de revés. 

Entró en juego un hilo azul. ¿Su misión?. Sujetar los lados del cuello de tal forma que parte del nuevo escote recortado quedase en medio. 

Arreglo jersey

No me había dado cuenta, pero los puntos del cuello seguían descansando en el cable. Así que, ahora que el cuello estaba doblado, el cable coincidía con la linea de puntos levantados para tejer el cuello.

Lentamente, con una aguja lanera, cada punto del cable fue encontrando su pareja en la base del cuello, y quedaron unidos por una puntada hasta que el tiempo lo diga.

El hilo azul se dejó resbalar entre los puntos del nuevo cuello y desapareció. Una nube de vapor lo envolvió todo.

Como un truco de magia todo había terminado. Ya tenía un nuevo escote, en forma de uve, que no daría tanto calor.

Las manos del susurro volvieron a doblarme y sentí de nuevo el envoltorio de la bolsa que me llevaba hasta tus manos, las primeras que me acariciaron y me dijeron: ¡bonito!

Arreglo jersey

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