Bitácora tejerinda

*18 de marzo de 2023*

A las puertas del día del padre, saber quién iba y quién no, era una incertidumbre.

Aun así, la ilusión por tejer juntas brotaba y la impaciencia nos hizo volver a llegar temprano. 

Por la calle rebotaba la luz del sol que se colaba entra las nubes y había menos gente que las otras veces.

Siempre que nos reencontramos nos gusta saludarnos con un gran abrazo, una bienvenida cálida en la que, durante un segundo, dejamos lo peor de la semana porque nos ayudamos a soportarlo y nos envolvemos en el optimismo que se trasmite por nuestras manos.

Cuando el café llegó a la mesa  todo parecía más fácil, y aunque nos acabásemos de conocer hablábamos como si llevásemos tiempo tejiendo juntas. Nos contamos nuestros planes, los recién comenzados, los que iban a medio camino y los que estaban a punto de terminar. 

La tarde pasó sin darnos cuenta. Otro día más recogimos nuestras agujas cuando la cafetería recogía las sillas.

En la calle ya era de noche, y camino a casa llevábamos la sensación de un buen día tejido.

(Foto: Ana Pavón)

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